
Mucho se ha escrito acerca de los beneficios de la meditación. Meditar puede cambiar, literalmente, la estructura del cerebro, reforzando ciertas áreas relacionadas con el control de la atención y las emociones. La meditación es una herramienta muy útil para mejorar nuestros niveles de conciencia, atención y autorregulación emocional.
El principal obstáculo para incorporar esta práctica al día a día es la constancia. Los beneficios de meditar pueden notarse desde la primera sesión, sobre todo en términos de bienestar y relajación inmediata. Pero, de acuerdo con la ciencia, hacen falta al menos ocho semanas de práctica continuada, durante media hora al día, para que los cambios sean reales, medibles y tengan repercusiones en nuestro comportamiento. Ese es el tiempo que tarda el córtex cerebral en reforzarse, especialmente en las áreas clave que controlan nuestra atención y emociones. Y acá, en general, es donde fallamos.
Quién más, quién menos, alguna vez intentó meditar. La pandemia y la consiguiente fatiga pandémica aumentaron aún más el interés por esta práctica.
En la actualidad, soportamos tal carga mental que muchas veces ni siquiera somos capaces de encontrar un momento para respirar en nuestras agendas repletas. Es acá donde la micromeditación, una tendencia que no es nueva pero que está volviendo a cobrar relevancia, puede entrar en juego.
En esencia, las micromeditaciones son pequeñas prácticas de pocos minutos de duración que podemos utilizar para redirigir la atención, ganar energía y tomar conciencia de nuestro cuerpo y nuestras emociones. Esto nos conduce a un estado de ánimo más sereno y feliz. Lo mejor de todo es que pueden hacerse en cualquier lugar, incluso mientras trabajamos, aprovechando un corto espacio de tiempo.
Sabemos que meditar es una herramienta psicológica muy útil para mantener a raya los efectos de la fatiga pandémica, al igual que la ansiedad o el estrés. También nos ayuda a vivir el momento presente con mucha más serenidad y foco.
Para quienes todavía no se iniciaron en la práctica de la meditación y solo pueden dedicarle unos minutos a lo largo de la jornada, las micromeditaciones pueden ser una alternativa para incorporar esta práctica al día a día. Hacer pequeñas pausas durante la jornada y regular en ellas la respiración y las sensaciones, sin juzgarlas, puede resultar verdaderamente útil.
Existen diferentes tipos de ejercicios de micromeditación, dependiendo de las preferencias personales y los objetivos concretos que se persigan. En todos los casos, son herramientas psicológicas que pueden resultar eficaces si se realizan correctamente.
Se recomienda incorporar micromeditaciones de uno a tres minutos a la vida cotidiana. Estas prácticas ayudan a detener el piloto automático y a aprender a gestionar nuestras experiencias, emociones y pensamientos de ese momento de una forma más consciente y útil.
Para comenzar e ir incorporando esta actividad poco a poco en la rutina diaria, se propone hacer alrededor de seis pausas a lo largo de la jornada, dedicando así un total de 12 minutos al día a esta actividad. Lo ideal sería ampliar el tiempo de estos períodos cortos a medida que se adquiere experiencia, incorporando períodos más largos y menos frecuentes de forma paulatina.
Las micromeditaciones son un puente hacia las meditaciones más largas, que requieren más dedicación. Cuando llegás a ellas, ya contás con una práctica adquirida y con el hábito construido.




