
La soja, alimento que con el paso de los años ha ido incorporándose cada vez más a nuestra alimentación, es una importante fuente de proteína vegetal de alta calidad y, por lo tanto, un alimento con un alto valor nutricional, que puede compensar las carencias de la dieta de las personas vegetarianas, o de quienes comen poca carne, o no tienen cubiertas sus necesidades de proteínas. En estudios epidemiológicos se observó una baja en la incidencia de ciertos tipos de cáncer en la población que consume regularmente esta oleaginosa: es decir, existe una menor incidencia de cáncer de mama (así como de la mortalidad asociada a esta enfermedad) y de cáncer de próstata. Además, la soja cumple una función preventiva frente a los cánceres gastrointestinales, como el cáncer de colon, gracias a su riqueza en fibra y su bajo aporte de grasas saturadas. Incluso, un estudio asoció el consumo habitual de soja con una reducción de los sofocos y la fatiga asociados al tratamiento del cáncer de mama.
La soja tiene un valor nutritivo muy alto, aunque este varía según se presente como germen de soja, grano crudo o aceite de soja, por ejemplo. El grano de soja crudo aporta, cada cien gramos, un 36 por ciento de proteínas vegetales y 416 calorías. Se equipara al valor proteico de la carne, los huevos o el pescado, con la ventaja de ser una proteína vegetal. Esta es una de las condiciones más importantes de la soja, ya que es fuente de grasas de origen vegetal, no animal, muy útiles para distintas afecciones.
Sus grasas son insaturadas, lo que convierte a la soja en un alimento cardiosaludable. Las investigaciones realizadas al respecto comprobaron una mejora de la salud ósea, con una disminución de la pérdida ósea de la columna vertebral en mujeres menopáusicas. La proteína de soja reduce los niveles de colesterol y triglicéridos en la sangre, y disminuye la presión arterial en los pacientes con hipertensión. Debido a estas propiedades, los expertos le atribuyen a la soja la capacidad de reducir el riesgo de desarrollar enfermedad coronaria. En los últimos años se comprobó que existe una asociación entre un alto consumo de alimentos de origen vegetal y una baja incidencia de enfermedades crónicas.
Las isoflavonas presentes en la soja reducen el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, osteoporosis y ciertos tipos de cáncer.
Además, otros estudios comprobaron que el consumo de 25 gramos diarios de proteína de soja aporta beneficios cardiovasculares.










