
No hay más que echar un vistazo a los múltiples beneficios que el baile tiene en nuestro organismo: mejora la circulación sanguínea, reduce el estrés, ayuda a perder peso al quemar el exceso de grasa corporal, tonifica los músculos, aumenta la elasticidad en las articulaciones, fortalece el corazón, desarrolla la creatividad, mejora el estado de ánimo y la autoestima, previene el envejecimiento cognitivo, estimula el sistema nervioso central, mejora destrezas como la resistencia, el equilibrio, la flexibilidad y la fuerza, y combate la depresión y la ansiedad.
Lo mejor de todo es que cualquiera puede practicarlo. El baile, como ocio, depende de lo que vos sientas, porque no es más que moverse al ritmo de la música, y eso es sano y adecuado para todo el mundo.
La ciencia sostiene esta teoría. En 2009, un estudio realizado en los Países Bajos demostró que el sentido del ritmo se desarrolla ya en el útero materno, es decir, moverse al compás de la música es una capacidad innata de los seres humanos. Cada vez que suena una canción que nos gusta se nos van los pies, los hombros o nuestra cabeza comienza a asentir sin motivo aparente. Eso sí, algunos nacen con más ritmo en las venas que otros.
La ventaja del baile es que ofrece una amplia variedad de estilos donde elegir, por eso abarca a un público tan heterogéneo. Danza clásica, moderna, latina (bachata, salsa...), de salón (tango, vals...), zumba... Cada una de ellas trabaja algún aspecto más en profundidad.
Por ejemplo, los bailes en los que se da espacio a la improvisación, como la danza contemporánea, mejoran los niveles de autoestima y creatividad. Cuando se improvisa, todo es válido y cada uno puede sacar lo mejor de sí para disfrutar, sin pensar en los errores. Esto ayuda a perder el miedo al ridículo y a ganar seguridad y confianza en uno mismo, combatiendo la timidez y la vergüenza.











